EL EFECTO “AAWWWW”

EL EFECTO “AAWWWW”

Recientemente, se ha puesto de moda The Child, mas conocido entre los aficionados como Baby Yoda. No somos ni la primera ni la última tienda de cómics en Barcelona inundada con este adorable personaje.

Todos queremos llevarnos uno a casa. Pequeños y monos, peluches que reproducen sonidos, funko pops etc.… Pero no es algo nuevo. Cada cierto tiempo (cada vez cada menos cierto tiempo, la verdad) aparece una película o serie con algún personaje verdaderamente achuchable que enciende en nosotros nuestra parte más ñoña y tierna.

Ewok, contigo empezó todo…

Se podría decir que este efecto comenzó gracias al sr. George Lucas, en el tercer episodio (sexto si seguimos la cronología de la saga) de Star Wars. Ahí nos presentaban a los Ewoks. Seres con un aspecto de osito de peluche que conseguía que, pese a ser una raza guerrera capaz de derribar un AT-ST, quisiéramos llevarnos uno a casa para achucharlo hasta la asfixia.

Tal fue el éxito de Wicket y sus compadres que hasta disfrutaron de una película propia en el 84,” La Aventura de los Ewoks”, creada originalmente para la televisión estadounidense pero estrenada aquí en cines y de calidad muy por debajo de la media. Pero ¡EH!, eran los ewoks, eran adorables, y no nos importaba (y tampoco teníamos tanto sentimiento critico como para valorarla, para que engañarnos).

Lejos de quedarse en un caso aislado, y por si acaso nos relajábamos demasiado en nuestra ansia, los estudios cinematográficos contraatacaron con GREMLINS (28/08/1984), donde se nos presentaba a MOGWAI, un ser peludete, simpático y adorable que se convertiría en nuestra peor pesadilla si no cumplíamos tres reglas básicas (no mojarlo, no exponerlo al sol y nunca nunca nunca darle de comer después de medianoche). Pero pese a ver los problemas que traería, nos daba igual. Queríamos uno. A toda costa. Al precio que fuera.

Invasión de merchan

Tanto los ewoks como los mogwais (que no los gremlins. Recordad que los seres que dan título a la película son los malos) provocaron colas en los centros comerciales, jugueterías y cualquier tienda friki de Barcelona donde se vendían. Y a día de hoy, apelando a la nostalgia y a nuestro niño interior, continúan siendo ventas seguras.

Los estudios, que otra cosa no, pero en cuestión de vender muñequitos no son nada tontos, viendo que gran parte del ingreso que recibían era gracias a estas ventas, han intentado repetir la formula una y otra vez. Con mayor o menos fortuna.

No es raro ver, a poco que seamos mínimamente avispados, como no hay película de temporada o serie de éxito destinado a todos los públicos, con su correspondiente aparición de personaje mono y adorable que provoque que pidamos el muñequito para poder abrazarlo secretamente en nuestra casa.

Llegan para quedarse

Dejando aparte las películas de animación, que cada vez más actúan como catalogo juguetero antes que como medio para contar historias, nos encontramos con casos como Dobby de Harry Potter, el Niffler de Animales Fantásticos, el bailongo Baby Groot de Guardianes de la Galaxia, o incluso el Baby Dart, un ser que está destinado a convertirse en algo monstruoso y terrible, en Stranger Things.

El ultimo en llegar, como decíamos al principio, es Baby Yoda. Con una candidez suprema, han conseguido que, de nuevo, volvamos a ser niños y pensemos secretamente “AAAAWWWW, QUIERO UNO”.

Así que quizás lo mejor que podemos hacer es despedirnos momentáneamente de nuestro adulto que sabe que nos están vendiendo la moto y hagamos caso a nuestro niño interior, porque, qué demonios, han llegado a nuestro corazoncito y a veces, eso es lo mejor que nos puede pasar en una sociedad estresada y demasiado adulta a veces.